Tejido Paisaje

En entrevista, Alejandra de la Cerda presenta Tejido Paisaje, un proyecto de arquitectura del paisaje que entiende el territorio como un organismo vivo. Mediante proyectos resilientes basados en la observación, la experimentación y el diseño, se promueve la regeneración de territorios y la restauración de relaciones ecológicas. 

Tejido Paisaje concibe el territorio como un organismo vivo. Fundado por Alejandra de la Cerda, el estudio nace de la observación atenta y de un vínculo profundo con el lugar. Es un espacio colaborativo donde confluyen distintas disciplinas y sensibilidades; cada proyecto se teje colectivamente, escuchando y aprendiendo del territorio. Desde la convergencia entre ciencia, arte e intuición, Tejido acompaña los procesos naturales de regeneración para restaurar suelos, gestionar el agua y promover la biodiversidad.

1.¿Cómo surgió en ti la pasión por la Arquitectura de Paisaje y la restauración de espacios naturales?

Creo que mi relación con el paisaje comenzó mucho antes de saber que existía una profesión llamada Arquitectura de Paisaje. Crecí en Cuernavaca, Morelos, y, desde que tengo memoria, mi parque de diversiones era un enorme laurel de la India: sus raíces eran más grandes que yo. Trepaba, me escondía entre sus ramas, descubría insectos, construía refugios imaginarios en sus recovecos y pasaba horas observando todo lo que ocurría a su alrededor. Era mi lugar seguro. Mi mundo entero cabía dentro de ese árbol. 

Con el tiempo, entendí que esos momentos habían construido una conexión profunda y genuina con la naturaleza. Hoy, los recuerdo con cierta nostalgia, porque experiencias tan simples y esenciales como esa se han vuelto un lujo o, en muchos casos, algo inexistente para muchas infancias.

Después llegó la Ciudad de México: una ciudad extraordinaria, compleja, contradictoria y profundamente fascinante; una ciudad de muchas ciudades que conviven dentro de una misma geografía. Vivir aquí despertó en mí la necesidad de imaginar espacios que nos permitieran volver a relacionarnos con nuestro entorno de una manera más cercana y más sana.

Casa Alumnos, San Miguel Chapultepec, Ciudad de México, 2026/ House Alumnos, San Miguel Chapultepec, Mexico City, 2026
Fotografía/Photography: Santiago Maurer

Durante mucho tiempo, hemos construido una separación artificial entre lo humano y la naturaleza. Hemos aprendido a verla como algo externo, cuando en realidad somos parte de ella. Hemos evolucionado junto a los ecosistemas, dependemos de ellos y pertenecemos a ellos. La arquitectura de paisaje me permitió encontrar una forma de trabajar precisamente sobre este vínculo. 

Me entusiasma pensar que nuestra labor consiste, en gran medida, en reconstruir relaciones: entre las personas y los territorios; entre la ciudad y los procesos naturales; entre la memoria y el futuro. Crear espacios que nos recuerden —de manera intuitiva y cotidiana— que no somos ajenos a la naturaleza, sino que formamos parte de ella.

El papel de los paisajistas es reconstruir relaciones entre las personas y los territorios, entre la ciudad y los procesos naturales, para recordarnos que formamos parte de la naturaleza.

La restauración ecológica nace del mismo lugar: de reconocer que los paisajes guardan heridas, pero también una enorme capacidad de regeneración. Me interesa trabajar con esa resiliencia inherente a los sistemas vivos, acompañar procesos, más que imponer formas, y entender que, muchas veces, el mejor diseño es aquel que permite que la naturaleza vuelva a desplegar su propia inteligencia.

2.¿Cuál es la visión y el propósito de Tejido Paisaje y cómo se refleja en la exposición “Cartas del Paisaje”?

Tejido Paisaje nace después de más de quince años de práctica profesional y de una necesidad muy personal de volver al territorio, con una mirada más atenta, más curiosa y más humilde.

Nos interesa menos diseñar paisajes y más aprender a leerlos. Entendemos el paisaje como un organismo vivo, complejo y dinámico, donde conviven procesos ecológicos, historias culturales, memorias geológicas y formas de vida que existían mucho antes de nuestra llegada. Por eso, nuestro trabajo comienza observando, caminando, dibujando, registrando y haciéndonos preguntas.

Visita del sitio de proyecto Las Tunas, Baja California Sur/ Site visit to the Las Tunas project, Baja California Sur
Fotografía/Photography: Tejido Paisaje

Creemos que la arquitectura de paisaje tiene una enorme responsabilidad en este momento histórico. No solamente conservar, sino ayudar a regenerar territorios; acompañar procesos de sanación ecológica y suturar relaciones rotas entre las personas, la naturaleza y los sistemas que sostienen la vida. Nos interesa crear proyectos que, con el tiempo, sean capaces de recuperar parte de su resiliencia natural y autorregularse nuevamente.Tejido Paisaje también nace con la intención de ser un laboratorio vivo. Un espacio donde la ciencia, el arte y la exploración del territorio puedan encontrarse. Un lugar que reivindica la importancia de jugar, de experimentar, de equivocarse y de mantener viva la curiosidad con la que observábamos el mundo cuando éramos niños.

En muchos sentidos, Cartas del Paisaje es una manifestación de esta filosofía.

Exposición Cartas del Paisaje, Galería Arroniz, 2025/ Landscape Letters Exhibition, Arróniz Gallery, 2025
Fotografía/Photography: Rafa Amezcua

La exposición surge de años de viajes, recorridos e investigaciones en distintos territorios. Reúne fragmentos de observaciones, colecciones, mapas, cromatografías de suelo, dibujos, fotografías y hallazgos que han acompañado nuestro trabajo. Más que presentar respuestas, busca compartir una forma de mirar.

Nos interesan especialmente aquellos procesos que transforman el paisaje de manera constante y que, sin embargo, suelen permanecer invisibles: el paso del tiempo, la erosión, la sedimentación, el movimiento del agua, las cicatrices que deja la sequía o las memorias geológicas inscritas en una roca.

El paisaje habla constantemente: sus huellas están en todas partes. Una grieta en el concreto puede recordar el cauce de un río desaparecido. Una banqueta puede contener patrones que se asemejan a un archipiélago visto desde el aire. Una piedra puede guardar millones de años de historia. La exposición propone precisamente eso: aprender a leer esas señales.

Despiece de Casa Maryna, Hotel en Puerto Escondido, 2024-2025/ Exploded Axonometric of Casa Maryna, Hotel in Puerto Escondido, 2024–2025
Fotografía/Photography: Santiago Maurer

Creemos que la ciencia también puede conmover, que un corte geológico puede tener la fuerza de un poema y que una cromatografía de suelo puede despertar el mismo asombro que una obra de arte.

Al final, Cartas del Paisaje es una invitación a desacelerar la mirada. Recordar que nada en el territorio es estático, que todo está cambiando constantemente, aunque muchas veces no lo percibamos, y que aprender a leer el paisaje es, quizás, una forma de volver a sentirnos parte de él.

3.¿Qué consideraciones clave deben tener los arquitectos paisajistas para regenerar espacios entre lo urbano y lo silvestre desde la filosofía de Tejido Paisaje?

Lo primero es entender que no estamos diseñando sobre una hoja en blanco. Todo territorio tiene una historia, una memoria ecológica y cultural; procesos vivos que ya están ocurriendo y relaciones que existen mucho antes de nuestra llegada.

Erosión de piedra caliza en las Bahamas/ Limestone erosion in the Bahamas
Fotografía/Photography: Triana Lamasney

En Tejido Paisaje creemos que la regeneración comienza con la observación. Antes de pensar en especies, programas o infraestructura, intentamos comprender cómo funciona un sitio: por dónde corre el agua, qué vegetación existía, qué especies permanecen, qué relaciones se han roto y cuáles siguen resistiendo.

Muchas veces hablamos de conservar, pero a nosotros nos interesa especialmente la capacidad de sanar los territorios. No solo proteger lo que queda, sino ayudar a reconstruir relaciones ecológicas que fueron interrumpidas. Pensar en el paisaje como un tejido que puede repararse, suturarse y recuperar parte de su capacidad de autorregularse con el tiempo.

Flora y fauna del desierto de Negev, Israel/ Flora and Fauna of the Negev Desert, Israel
Fotografía/Photography: Ireri Zaragoza

Los espacios entre lo urbano y lo silvestre son particularmente interesantes porque son territorios híbridos. Ahí convergen personas, infraestructura, biodiversidad, agua, memoria y conflicto. Son lugares donde debemos abandonar la idea de control absoluto y aprender a trabajar desde la complejidad.

La naturaleza lleva millones de años resolviendo problemas de resiliencia, adaptación y supervivencia. Nuestra tarea no es imponer una visión, sino aprender de esa inteligencia y crear las condiciones para que los procesos ecológicos vuelvan a desplegarse.

Al final, regenerar es acompañar, es escuchar más de lo que hablamos y es dejar espacio para que la vida vuelva a hacer su trabajo.

4.¿De qué manera los mapas se convierten en una herramienta clave para comprender y proyectar paisajes en la periferia?

Los mapas son una de nuestras principales herramientas de lectura. Muchas veces pensamos en ellos como instrumentos técnicos para localizar información, pero para nosotros son formas de revelar historias ocultas. Son una manera de hacer visible aquello que normalmente no vemos.

Cartografías del desierto de Negev, exposición Cartas del Paisaje, 2025/ Cartographies of the Negev Desert, Letters from the Landscape Exhibition, 2025
Fotografía/Photography: Rafa Amezcua

Un mapa puede mostrar la geología de un territorio, los recorridos del agua, la transformación de los usos de suelo, la pérdida de biodiversidad, los sistemas productivos o las memorias culturales de una comunidad; es decir, puede revelar relaciones que no son evidentes cuando caminamos un sitio.

Especialmente, nos interesa trabajar con distintas capas de información, porque los territorios periféricos suelen ser lugares complejos donde convergen dinámicas urbanas, rurales y ecológicas. Son espacios que muchas veces quedan fuera de las narrativas oficiales de la ciudad y, sin embargo, son fundamentales para entender cómo funciona el territorio en su conjunto.

Cartografiar se vuelve, entonces, una forma de investigación, un acto de observación y una manera de hacer preguntas.

Cartografía del archipiélago de las Bahamas/ Cartography of the Bahamian Archipelago
Fotografía/Photography: Monserrat Loyola

En muchos proyectos descubrimos que un mapa no sirve únicamente para proyectar el futuro, sino también para entender el pasado. Nos ayuda a reconocer ríos desaparecidos, ecosistemas fragmentados, antiguos sistemas agrícolas o patrones territoriales que siguen presentes, aunque ya no sean visibles.

Los mapas nos permiten leer el territorio antes de intervenirlo. Nos recuerdan que el paisaje es mucho más que aquello que vemos en la superficie: es una acumulación de procesos, de memorias y de relaciones que ocurren simultáneamente en distintas escalas de tiempo y espacio.

5.¿Qué lección o experiencia clave de tu trayectoria como paisajista consideras fundamental compartir con las nuevas generaciones de profesionales en el campo del paisaje?

Quizás la lección más importante ha sido entender que no tenemos que llegar con todas las respuestas. Cuando empecé mi carrera, sentía que debía resolverlo todo rápidamente. Con los años, entendí que el paisaje opera en otros tiempos; que muchas veces las respuestas aparecen después de caminar un sitio varias veces, de observar una temporada completa, de escuchar a quienes lo habitan o, simplemente, de permanecer el tiempo suficiente para que el territorio empiece a hablar.

Les diría que cultiven la curiosidad y que la protejan; que no la pierdan frente a las prisas de la profesión; que caminen mucho; que dibujen; que recolecten piedras, hojas y semillas; que hablen con científicos, artistas, agricultores, comunidades locales y personas mayores; y que aprendan a mirar más allá de su disciplina.

Visita del sitio de proyecto Las Tunas, Baja California Sur/ Site visit to the Las Tunas project, Baja California Sur
Fotografía/Photography: Tejido Paisaje

Algunas de las lecciones más importantes que he recibido no vinieron de una oficina ni de una universidad, sino de un desierto, de una selva, de una conversación con un agricultor agroforestal o de una artista observando una roca. Tejido Paisaje nació justamente de esa necesidad: de volver a explorar, de recuperar el juego, la experimentación y la capacidad de hacer preguntas. Creo que necesitamos más espacios para la curiosidad y menos obsesión por las respuestas inmediatas.

Y, sobre todo, que recuerden que trabajamos con sistemas vivos. El paisaje no es un objeto, es una relación. Nuestro papel no es controlar la naturaleza, sino aprender a acompañarla con humildad, sensibilidad y respeto.

Si logramos mantener viva la capacidad de asombro, probablemente, estaremos mucho más cerca de entender los territorios que buscamos transformar.

Despiece Casa Alumnos, San Miguel Chapultepec, Ciudad de México, 2026/ Exploded View – Casa Alumnos, San Miguel Chapultepec, Mexico City, 2026
Fotografía/Photography: Santiago Maurer