Paisaje, naturaleza y su valor en el cuidado de la Salud Mental

Los profesionales de la salud mental observamos el surgimiento de una pandemia dentro de otra en el marco del confinamiento prolongado establecido en lo que hoy se reconoce como la mayor catástrofe sanitaria de los últimos 102 años.

Las elevadas tasas de miedo y ansiedad ante la posibilidad de enfermarse; la constante exposición a noticias crudas, alarmistas y en ocasiones falsas y, la generación de sensación de proximidad con la muerte, son algunas de las experiencias que pueden dar lugar a: 1) estrés postraumático; 2) trastornos depresivos; 3) descompensación de condiciones mentales preexistentes; 4) incremento en los índices de violencia intrafamiliar; 5) abuso de sustancias y 6) suicidio.

Todo esto, conlleva un importante sufrimiento individual y colectivo con la consecuente afectación del funcionamiento personal, familiar y social. Lo anterior, como pudimos notar, no solo resulta atribuible al virus SARS-CoV-2 por sí mismo; también puede serlo por el prolongado aislamiento que nuestros gobiernos y expertos recomiendan con la finalidad de salvaguardar nuestra integridad física.

Pero surge una pregunta: ¿Qué hay de nuestra integridad mental? La mente, al no ser una entidad tangible, muchas veces pasa a un segundo plano. Sin embargo, su afectación es bastante notoria en centros de atención especializada.

Confinamiento
Fotografía: Duong Nhan – Pexeles

Por ello, parece razonable considerar que mientras más se alargue el distanciamiento entre nosotros, mayor sufrirá la psique humana, biológicamente diseñada para la vida en sociedad. Mucho de lo que está sucediendo actualmente, satura nuestras mentes de pensamientos hiperactivos que nos hacen más vulnerables.

Así, comunicarnos, conectarnos con otros, hablar sobre nuestros sentimientos y preocupaciones, son estrategias de inmenso valor. Nos permiten desahogar nuestras emociones negativas y analizar la realidad de una forma más objetiva.

Además, la conexión con nosotros mismos y con el medio que nos rodea, podría ser empleado como una estrategia de igual valor. Observándose que esta conexión se asocia a mayor satisfacción por la vida, menor ansiedad y mayor vitalidad; lo cual se puede traducir en felicidad, creatividad y comportamientos en pro de la naturaleza1.

Sin embargo, quizá algunos de nosotros se puedan preguntar: ¿Cómo puedo exponerme a ésta -a la naturaleza- cuando predomina a mi alrededor asfalto, hormigón y no puedo salir de casa? y ¿Cómo puedo conseguir esta conexión?

Observando la ciudad
Fotografía: Alex-azabache – Pexeles

Primero: si abrimos nuestros ojos y adquirimos consciencia de todo lo que nos rodea encontraremos la naturaleza en nuestro día a día, aun cuando vivamos en “junglas de asfalto”. Podremos encontrar la naturaleza al alcance de nuestros sentidos en nuestros jardines, en los parques. Veremos la naturaleza en nuestras mascotas e incluso podríamos acceder a infinidad de paisajes y otros elementos a través de nuestros dispositivos electrónicos.

Segundo: la ciencia tiene respuestas. Tal es la atención plena o mindfulness. Pero ¿qué es el mindfulness y cómo se practica? Jon Kabat-Zinn la define de una forma breve y completa: “Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”. Otros expertos de esta disciplina, explican que la conciencia es intrínsecamente poderosa, y la atención, que es conciencia enfocada, resulta aún más.

Por consiguiente, tomar conciencia de lo que ocurre dentro y alrededor de nosotros, permite comenzar a desenredar preocupaciones y emociones negativas. En ocasiones esto puede ser bastante simple y  accesible, como el manejar un momento de ansiedad dirigiendo nuestra atención a los sonidos, aromas e imágenes que un paisaje nos presenta. Redirigiendo la atención, en lugar de intentar controlar o reprimir emociones intensas, pudiendo ayudarnos a regular cómo nos sentimos2.

“Estudios científicos recientes, proponen que la simple exposición a la naturaleza y la sensación de vínculo con ésta, es de beneficio para la salud y el bienestar”.

Oliendo cítricos
Fotografía: Cottonbro – Pexeles
Referencias:
1 Van Gordon, W., Shonin, E. & Richardson, “Mindfulness and Nature”, Mindfulness 9, 1655-1658 (2018). https://doi.org/10.1007/s12671-018-0883-6.
2 Siegel, R. D., Germer, C. K., & Olendzki, A. “Mindfulness: What is it? Where did it come from?”. In the Clinical handbook of mindfulness, pp. 17-35 (2009). Springer, New York, NY.

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