El jardín cosmos y el jardín Tlalocan: la historia del huerto medicinal

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A Pedro Camarena, profesor incansable que nos enseñó el valor de la naturaleza.
A Jacqueline Tapia, amiga y compañera de viaje en la búsqueda de nuestra cultura.

Tengo recuerdos siendo niña de mi “chichi” (abuela en maya) regando sus “matas” (plantas). Era un momento de calma vespertina en la casa del pueblo en el que vivían, en la periferia de Mérida, México. Epazote para los frijoles y el dolor de barriga, orégano para el guiso, sábila para las quemaduras. La abuela sacaba del repertorio de sus plantas todo lo necesario para curar el cuerpo y el alma, gracias a la alquimia efectuada en la cocina.

Yo encontraba en todo ese ritual cotidiano, entre el jardín y la cacerola, mucha belleza. Una especie de perfecta organización entre las horas del día y los espacios consagrados a las diversas actividades familiares. La etimología griega cosmos hace referencia al orden de las cosas, caracterizado igualmente por su belleza. La noción tiene implícita la característica de la armonía, que se presenta al observador en forma de una revelación (Picon, 2013, p.70).

El jardín doméstico, y en particular el huerto aromático-medicinal, tiene efectivamente esa característica centralidad en la vida de los pueblos mayas, así como para muchas otras civilizaciones. A continuación, nos proponemos hacer un breve recorrido por algunos de los jardines y colecciones botánicas icónicas en algunas fuentes de la historia, con la finalidad de recalificar el jardín en términos holísticos.

Convento Agustino de la Transfiguración, Siglo XVI (Claustro) y Parroquia del Divino Salvador, Malinalco, Estado de México, México
Fotografía: CatedraleseIglesias_CathedralsandChurches, CCBY 2.0 via Wikimedia Commons

La práctica ancestral de la utilización medicinal de las plantas ha sido parte de la cultura humana desde épocas prehistóricas muy tempranas. Sobre su estudio y documentación existen algunas referencias de escritos efectuados en la antigüedad. Según Mar Rey Bueno, el papiro Ebers, escrito aproximadamente hace 3500 años y encontrado en la ciudad de Luxor en Egipto, describía aproximadamente ciento cincuenta plantas utilizadas con fines curativos (Rey Bueno, 2010, p. 15).

Asimismo, los primeros estudios occidentales dedicados exclusivamente al mundo vegetal se deben al griego Teofrasto (372-288 a.C.), discípulo de Aristóteles. Sin embargo, para el estudio de la flora medicinal, dos obras resultan imprescindibles. La primera es Naturalis historia del romano Plinio “el viejo” (23-79), quien en su enciclopedia consagrara la mitad a especies utilizadas en la medicina. La segunda, publicada en el año 78, es De Materia Médica, escrita por el cirujano militar griego Dioscórides, quien describió un buen número de especímenes basándose en sus experiencias como parte del ejército de Nerón. (Ibid. p. 17)

Por otra parte, en diversos confines del mundo, las prácticas medicinales se han estudiado más ampliamente gracias a la disciplina de la etnobotánica, rama de la ciencia que estudia los grupos humanos, su entorno vegetal y las interacciones entre ambos.

Convento Agustino de la Transfiguración, Siglo XVI (Claustro) y Parroquia del Divino Salvador, Malinalco, Estado de México, México
Fotografía: CatedraleseIglesias_CathedralsandChurches, CCBY 2.0 via Wikimedia Commons

Es así que por ejemplo, Carmen Zepeda y Laura White determinaron que en los murales del convento agustino de San Cristóbal en Malinalco, habían representadas diversas plantas medicinales conocidas por los pueblos prehispánicos (Zepeda y White, 2008).

En el mundo precolombino, la medicina se desarrolló en una cosmovisión particular. Las enfermedades eran el resultado de la pérdida del equilibrio corporal, provenientes de las fuerzas sobrenaturales del inframundo y del supramundo. En esta cosmovisión, la medicina se ocupaba de ayudar al enfermo a recuperar el equilibrio perdido y las plantas medicinales eran los elementos más socorridos para lograr el efecto buscado (Lozoya 1998 citado en Zepeda y White, 2008)

Dichos conocimientos fueron probablemente asociados a los jardines y a las colecciones de plantas que las civilizaciones prehispánicas desarrollaron. Uno de los ejemplos más conocidos y estudiados, ha sido el de los jardines Nezahualcóyotl y Moctezuma II. El primero, construyó en el cerro de Tecotzingo, un conjunto palaciego. Dicha operación involucró a sabios, arquitectos, artesanos, magos y jardineros, que inspirados en el Tlalocan harían algunos de los paisajes más remarcables de la época.

Invernadero de Nezahualcoyotl en la zona arqueológica de los Baños de Nezahualcoyotl en Texcoco, Estado de México
Fotografía: Misaelos, CCBY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Según Alfredo López-Austin dicha concepción del Tlalocan representaría “el origen y destino del hombre”, un lugar mítico relacionado con el dios del agua Tláloc (Medina 2011, p. 68-74). En cuanto a Moctezuma II, emperador de Tenochtitlan a la llegada de los españoles, poseía jardines y colecciones de aves que impresionaron fuertemente a los europeos. Bernal Díaz del Castillo relataba la suntuosidad de dichos espacios : “No olvidemos las huertas de flores y árboles olorosos, y de los muchos géneros que de ellos tenía Moctezuma (…) y de la diversidad de pajaritos chicos que en los árboles criaban, y de las hierbas medicinales y del provecho que en ellas tenía era cosa de ver (…)” (Alcántara Onofre 2014, p. 10).

Del otro lado del Atlántico, el renacimiento occidental florecía, retomando los principios filosóficos y científicos de la antigüedad greco-romana. Bajo ese espíritu de renovación, en 1635, surge el Real Jardín de Plantas Medicinales. Fue creado por el rey Luis XIII, gracias a la influencia de su médico Guy de La Brosse.

Después de cinco años de trabajo y la siembra necesaria, el jardín fue abierto al público. Tuvo un éxito significativo, ofreciendo educación científica gratuita, accesible y en francés, mientras que todos los demás establecimientos sólo impartían los cursos en latín (MNHN).

Plano detallado del MNHN Jardín des Plantes
Ilustración: SpiridonIon Cepleanu, CCBY-SA 3.0 via Wikimedia Commons

Muchos otros ejemplos de colecciones botánicas medicinales existen sin duda en el mundo desde entonces. En nuestros días, la ciencia farmacológica y la medicina en general, se han ocupado de producir en laboratorios las moléculas que son capaces de aliviar ciertos padecimientos. Sin embargo, ¿qué hay de la capacidad de los seres humanos de procurarse bienestar ingiriendo ciertas plantas, de prevenir enfermedades mejorando nuestra dieta, así como del bienestar que provoca el contacto y el cuidado de la naturaleza?

En la actualidad, el jardín – y no sólo el medicinalconstituye un cosmos en sí mismo susceptible de proporcionarnos equilibrio físico y mental. Ejemplo de esto, las prácticas de jardinería se multiplican no sólo en los hogares, sino en hospitales psiquiátricos, casas de retiro, escuelas y oficinas, muestra de que el jardín constituye una fuente infinita de sabiduría, nutrientes y paz mental. Tal vez si le proporcionamos todas esas cualidades, podríamos nuevamente posicionarlo como un espacio sagrado en nuestras vidas, un recordatorio de que nuestro origen y destino como humanidad está inexorablemente unido a la naturaleza.

Plantas medicinales
Fotografía: annawaldl – Pixabay
REFERENCIAS:
Muséum national d’Histoire naturelle (MNHN). “L’histoire du Muséum national d’Histoire naturelle.” mnhn.fr. https://www.
mnhn.fr/fr/histoire-museum-national-histoire-naturelle. (Consultado el 19-11-2020)
Medina, Miguel A. Nezahualcóyotl: su legado como arquitecto y constructor del paisaje. Primera edición. Biblioteca mexiquense del
bicentenario. Colección mayor. Toluca: Gobierno del Estado de México, 2011.
Picon, Antoine. L’ornement architectural: entre subject ivité et polit ique. Laussane: Presses polytechniques et universitaires
romandes, 2017.
Rey Bueno, Mar. Historia de las hierbas mágicas y medicinales. Madrid: Ediciones Nowtilus, 2010.
Zepeda G., Carmen, et Laura White O. “Herbolaria y pintura mural: plantas medicinales en los murales del convento del Divino
Salvador de Malinalco, Estado de México.” Polibotánica, 2008, 17399.

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