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JARDÍN ERENBERG-COLL: El Santuario donde se escucha a las plantas olvidadas

Visitamos a John Patrick Ehrenberg, médico retirado que fuera Jefe de la Unidadde Enfermedades Transmisibles de la Organización Panamericana de la Salud, que funciona comoOficina Regional de la Organización Mundial de la Salud, y a su esposa Perla Elisa Coll, psicóloga con postgrado en salud pública, quienes tras pasar su vida viajando, estudiando y trabajando en Estados Unidos, Europa y África, llegaron hace treinta años a Yucatán y acabaron enamorándose de sus paisajes, su comida, su gente, y sus aves.

Al parecerles el lugar perfecto para criar a su familia, eligieron establecerse en Cholul por su cercanía a Mérida, la capital del estado y por sus hermosas quintas llenas de árboles frutales, aisladas del bullicio de la ciudad.

Una vez comprado el terreno, solicitaron al contratista que sólo tumbara los árboles que ocupaban el espacio donde se construiría la casa, pero al volver por la noche se encontraron con que los trabajadores habían deforestado y quemado la totalidad de la superficie del predio. Siendo entusiastas de la conservación y de la naturaleza, la pareja se entristeció profundamente por lo ocurrido.

Orquídea del género Vanilla epifitando un árbol de pepino kat (Parmentiera aculeata).
Fotografía: Molino Lab

Tras esta experiencia y habiéndose dado cuenta de que en el área maya había muchas especies que prácticamente habían desaparecido, como el kanisté (Pouteria campechiana), el chóoch (Pouteria glomerata) y el pepino kat (Parmentiera aculeata), decidieron aprovechar su vieja costumbre de recolectar frutos y semillas del lugar en el que se encuentren para sembrarlos y propagar las plántulas, desarrollando el proyecto de crear en su jardín un arboretum compuesto por árboles frutales mayas y una colección de palmeras endémicas y exóticas.

Las primeras especies que plantaron fueron cítricos debido a su gran resistencia a la luz solar.

Frutos de pepino kat.
Fotografía: Molino Lab

Posteriormente, fueron sembrando más y más especies, siendo de hecho la diversidad el factor clave para evitar las plagas, ausentes durante toda la vida del jardín. “Ciertas prácticas culturales privilegian a algunas especies y relegan otras al olvido”, nos comentó mientras recorríamos sus hermosos jardines. “Es necesario preservar las cosas que están en peligro de perderse… algunas personas parecieran tener guerra con los árboles, dejan de sembrar ciertas especies porque tiran hojas”, agregó.

Durante el recorrido encontramos plantas que sólo los abuelos o los bisabuelos recuerdan, como el bonete (Jacaratia mexicana), cuyas poblaciones están en riesgo, y el pepino kat que es muy útil como remedio para infecciones urinarias.

Fruto de bonete (Jacaratia mexicana).Fotografía: (c) Elizabeth Torres Bahena, CC BY-NC

La aplicación de prácticas respetuosas con la vegetación ha creado a lo largo del tiempo un gran contraste entre su propiedad y los terrenos adyacentes, en los que se ha seguido practicando la quema.

“El secreto de Yucatán es no dejar suelo sin sembrar, porque las fuertes temperaturas erosionan el suelo verticalmente”, nos confía John, quien afirma que la tierra fértil de su jardín tiene 40 centímetros de profundidad, producto de todos los años en los que se ha elaborado composta.

Trabajando en colaboración con Joel Ruiz, el maestro jardinero del lugar, han creado un lugar para jugar con las plantas, colocando elementos artísticos como las “Escaleras al Cielo” hechas de bambú o un gran instrumento musical del mismo material que baila con las ráfagas de viento llenando el espacio con su melodía.

Instrumento musical hecho de bambú.
Fotografía: Molino Lab
Una escultura que adorna el jardín.
Fotografía: Molino Lab

La labor de la pareja no ha parado ahí. También han desarrollado proyectos para fomentar el desarrollo comunitario en los que invitan a las mujeres de la localidad para enseñarles a hacer composta para cultivar hortalizas, regenerar los suelos y producir palmeras de ornato para su venta, a la vez de promover el cultivo de aquellas especies que se encontraban relegadas en el olvido.

Inclusive la fauna del lugar se ha beneficiado. Más de 150 especies de aves han sido avistadas por los grupos de ornitólogos que visitan el lugar, como las chachalacas (Ortalis vetula), que llenan las tardes con su ruidosa plática.

El estrato herbáceo y plántulas de palmas.
Fotografía: Molino Lab
El estrato herbáceo y plántulas de palmas.
Fotografía: Molino Lab

John y Perla siempre se encuentran buscando el lugar ideal para cada planta, observando sus cambios y percibiendo con la vista y el tacto cómo la especie comunica su adaptación o descontento al lugar.

Su jardín es una muestra de cómo si se pone atención, las plantas comunican sus necesidades y preferencias; al prestar el suficiente cuidado y mantener la mente abierta a la experimentación, las especies vegetales pueden alcanzar su máximo esplendor y un jardín hogareño puede volverse santuario de especies que se consideraban ya desaparecidas.

Chachalaca (Ortalis vetula)
Fotografía: Alan Schmierer
https://www.flickr.com/photos/sloalan/31012955630/, CC0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=57031685
Fotografía: Molino Lab
Fotografía: Molino Lab

Buscando un equilibrio entre la vegetación y el espacio habitable, fundiéndose ambos en un solo paisaje armónico, esta pareja ha convertido su hogar en un santuario vegetal, asumiendo el papel de promotores del respeto a la naturaleza y convirtiéndose en defensores del equilibrio consolidado cuidadosamente a lo largo del tiempo.

El cuidado, el cariño y el respeto a las plantas se vive, se comparte y se entreteje en la historia personal de John, Perla y su familia.

Fotografía: Molino Lab

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