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El color en el paisaje. Sobre todo el verde…

Una de las primeras propiedades que percibimos en el paisaje es el color; enseguidalas entidades geométricas, las texturas y las formas van predominando e integrándose durante el proceso de apreciación de la matriz y posteriormente de los parches y los corredores.

Recordemos que un paisaje está compuesto principalmente por tres elementos; la matriz, que es el territorio predominante, los parches, aquellos elementos distintos a manera de islas y los corredores, que son aquellas superficies que unen o pueden unir parches.

“El color es el compañero más constante, inevitable y omnipresente que usted tendrá en la vida, desde los pañales hasta la mortaja. No puede existir sin color; toda vida, toda cosa animada o inanimada lo poseen, ya sea que usted lo vea, o tenga o no tenga consciencia de él. Sus horas de vigilia son un desfile de colores que usted advierte pocas veces, pues los hábitos embotan los sentidos.”

– Ray Rennahan, Camarógrafo de Paramount Technicolor, Hollywood 1.

Fotografía: Celene Espadas

El color predominante en la matriz del paisaje está modulado por el tipo de material que cubra un determinado territorio sea inerte (por ejemplo por rocas) o vivo (o sea vegetación). Así por ejemplo, la vegetación que cubre gran cantidad de territorios tiene distintas coloraciones y tonalidades a lo largo del espacio y del tiempo.

En un paisaje urbano, la presencia de edificaciones y los materiales con que han sido construidos, las vías de comunicación y toda la infraestructura darán ciertas tonalidades y coloraciones.

En los paisajes se da la eterna lucha de los contrarios; el caos en los diferentes elementos contra los patrones bien definidos. Los patrones son también fruto de la percepción de la mente humana, la Gestalt, la reconstrucción del todo a partir de las partes.

Es por eso que más allá del orden y desorden en la naturaleza, el cerebro humano crea su clasificación de los paisajes de acuerdo a los patrones de algunos elementos que pueda considerar de utilidad o estéticos; entre estos está el color en el paisaje.

Cambios en la coloración del paisaje en el Cenote de Dzibilchaltún, Yucatán.
Fotografía: Celene Espadas

“En los paisajes se da la eterna lucha de los contrarios; el caos en los diferentes elementos contra los patrones bien definidos”.

Además de las formas geométricas en el paisaje, se puede percibir los materiales, las texturas y el color.  Todo esto constituye los patrones del paisaje que de manera simple son de acuerdo con Stevens (1974): espirales, meandros, ramas, explosiones. A la lista de Stevens debe agregarse otros dos: los fractales y los colores.

El color o los colores en el paisaje está dado por la manifestación de un proceso que se lleva todos los días, estacionalmente y latitudinalmente, que es la propiedad del cuerpo que lo emite como resultado del reflejo de la radiación solar.

Esto es lo que se conoce como el albedo o reflectancia hacia el espacio exterior. Un cuerpo absolutamente blanco refleja toda la radiación solar y un cuerpo absolutamente negro la absorbe totalmente.

Composición de una selva baja en Dzibilchaltún, Yucatán en la temporada seca y en la temporada lluviosa en el mismo sitio, donde se tiene como referencia el cactus Stenocereus laevigatus.
Fotografía : Celene Espadas

En el espectro de colores se tiene pues diferentes grados de reflectancia. Tal y como se describen en el siguiente cuadro, en este se puede apreciar que en los paisajes nevados se tiene un albedo entre 75 y 95%, un campo seco arado tiene tan solo del 5 a 25 %, mientras que un suelo asfaltado 17 a 27%.

De manera contrastada, el agua, dependiendo de la profundidad del cuerpo que la contiene puede tener un albedo del 3 al 10%. Esto es posible ya que el agua es transparente a la luz y por lo tanto la absorbe junto con el calor. Haciendo a un lado esta paradoja, se puede apreciar que la cubierta vegetal está colocada en una parte intermedia del albedo, considerando todo tipo de vegetación entre el 5 y el 30%.

Lo anterior es observable en paisajes urbanos donde los materiales de construcción difieren en sus propiedades radiativas (albedo) y térmicas y consecuentemente en sus patrones de calentamiento y enfriamiento. De este modo, la vegetación en el paisaje adquiere relevancia por su capacidad para amortiguar la cantidad de luz y calor emitida a través de la evapotranspiración, pero hacia el exterior, reflejando una proporción baja.

Fotografía: Celene Espadas

La Fenología es una disciplina que estudia la estacionalidad y los ciclos anuales de los sistemas biológicos, en estos está incluida la respuesta que tienen los seres vivos a los cambios estacionales y por tanto a los cambios a lo largo del año, de la temperatura, la humedad y la duración de las horas de luz vs oscuridad.

También se expresa a través del color en el paisaje y es como se presentan cambios en la coloración de la matriz en el paisaje. Los cambios fisiológicos en la cubierta vegetal, como la caducidad foliar, la floración y la fructificación, que definen la matriz del paisaje, reflejan predominantemente tonalidades desde el amarillento al verde intermedio y verde oscuro para posteriormente llegar al amarillento café o café rojizo al gris.

Fotografía: Celene Espadas
Sak be de Dzibilchaltún, Yucatán de abril y octubre de 2016. Contrasta el predominio del café en el paisaje contra el verde de finales del estío.
Fotografía: Celene Espadas

El paisaje es apreciado como recurso a través de la identificación de bienes utilizables; el color verde, reflejo de la actividad fotosintética de las plantas son percibidos por la población como  servicios ambientales: de soporte o ayuda, de aprovisionamiento, de regulación, y de cultura (belleza escénica, recreación, información cultural y artística, información espiritual e histórica y ciencia y educación).

De esto último el color en el paisaje y esos contrastes también tienen ese componente lúdico. De esta manera se puede asumir que las tonalidades y colores en el paisaje, reflejan además la intensidad en que están proporcionando servicios ambientales al territorio mismo. Veamos otros ejemplos.

Servicios ambientales tomado de Milenium Ecosystem Asessment traducido por INECOL.
Zona arqueológica de Xcambó, Yucatán. Se aprecian dos matrices de distintas densidades y tonalidades de verde, como matrices que rodean al sitio arqueológico como parche.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinosa
Vista aérea del Jardín Botánico Regional del Centro de Investigación Científica de Yucatán. Localizado en medio de una matriz con color gris blanquecino, pero en el que cumple servicios de regulación, secuestrando CO2 y emitiendo oxígeno, regulando el microclima y con todos los servicios culturales.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinosa

Hemos dado solamente algunos ejemplos de la importancia de los colores, sobre todo el verde, en el paisaje. En otras latitudes, inclusive en otras regiones de México, los colores del paisaje y las tonalidades del mismo se expresan de diferente manera.

Rasgos de un paisaje en la zona de Xcambó, Yucatán con charcas rústicas de evaporación para la obtención de sal. En la fotografía de arriba no existe un patrón definido de color, en la de abajo a la izquierda la matriz es amarillenta correspondiendo a una zona inundable de sabana. El color rosa corresponde la gran concentración del crustáceo Artemia salina y los verdosos a diferentes tipos de microalgas y cianobacterias.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinosa
Paisaje bicolor en la costa de Xtampú, Yucatán.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinosa

Ante el calentamiento global, es imperante la necesidad de desarrollar paisajes urbanos sustentables. Se ha estimado que la urbanización (superficie pavimentada, edificios, calles) modifica el clima local a través del incremento de las temperaturas mínimas y máximas, y en sentido contrario, el arbolado puede reducir hasta 5° C las temperaturas locales 2.

Además de contribuir a la mitigación del calentamiento global y la prestación de servicios ambientales, la cobertura vegetal es estéticamente apreciada en las ciudades por sus formas y colores manifestados en sus etapas fenológicas (floración y fructificación). La apreciación y valoración de los colores en el paisaje, además de ser un proceso cultural, debe ser un proceso educativo basado en el entendimiento de los elementos del paisaje y su papel en la naturaleza.

Paisaje bicolor en las charcas salineras de Xcambó, Yucatán.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinosa

El color en el paisaje cultural

México, como muchos otros países de latinoamérica, es un mosaico de culturas llenas de color, basta observar los trajes típicos de las distintas regiones para darse cuenta que es parte fundamental de la vida cotidiana, característica que permea a la arquitectura y por supuesto al paisaje efímero en sus bailables, tablados y decoración, tales como los elementos que visten las fiestas tanto de vivos como de muertos.

Celebración de fiestas populares en Tetiz, Yucatán.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinos

Basta darse un paseo por las coloridas calles del centro histórico de Campeche, Oaxaca o San Cristóbal de las Casas, para constatar que la variedad cromática causa placer a los sentidos; y es de recalcar cómo esta singularidad se ha ido diluyendo con el paso del tiempo en las áreas urbanas, donde los nuevos desarrollos parecen pasar por alto esta característica, misma que es más notoria en las zonas de nivel socio económico medio y alto, ya que en la vivienda rural o catalogada como urbana de menores ingresos con el tiempo la variedad de formas y colores son elementos constantes en el paisaje, manifestándose no sólo en sus elementos construídos sino en la variedad de la flora ornamental y alimenticia, siendo el color en la ciudad una manifestación de la cultura viva.

Nichos en el panteón de Xoclán, Mérida, Yucatán.
Fotografía:
Daniel Pastrana Espinosa
Paramento de la ciudad de Campeche.
Fotografía: Daniel Pastrana Espinosa
Bell, Simon, 1999. Landscape: Pattern, Perception and Process. E & F. Spon. New York. 399 p. ISBN 0-419-20340-0. / Bonan Gordon. 2002. Ecological Climatology: Concepts and applications. Cambridge Univ. Press. Cambridge. 678 p. ISBN 0-521-800323. / Henderson-Sellers, Ann, P.J. Robinson. 1996. Contemporary Climatology. Longman. Singapore. 439 p. ISBN 0-582-30057-6. / Oliver, John, J.J. Hidore. 2002. Climatology: An Atmospheric Science. Prentice Hall, New Jersey. 410 p. ISBN 0-13-092205-6. /  / Stevens, Peter. 1974. Patterns in Nature. Atlantic Monthly Press Book, Boston.

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