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Macondo en California: historia de un jardín comunitario experimental

Hace tres años nombré a mi huerta “Macondo”. La tengo en un jardín comunitario justo a lado de Los Domos. Todos en el pueblo conocen esa comuna.

Por: María Fernanda Díaz Basteris

Cuentan por aquí que hace casi cuarenta años, una treintena de estudiantes -gobernados por ellos mismos- fundaron un proyecto alternativo de residencia estudiantil. Con inusual forma de iglú, son catorce cúpulas blancas.

Los estudiantes viven en medio de un huerto, dentro del campus de la Universidad de California Davis. Las casitas fueron construidas con métodos autosustentables, sin desperdicio, con materiales de bajo impacto al medio ambiente y materiales que reducen el consumo de energía por sus propiedades térmicas como poliuretano y fibra de vidrio aislada. Cada domo tiene una pequeña puerta de madera al frente.

“El objetivo principal de la iniciativa estudiantil era ocupar el espacio y sembrar de manera experimental comida orgánica y nutritiva”.

Vista de las residencias estudiantiles.
Fotografía: By Firstcultural (talk) (Uploads) – Own work, CC0, https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=34153736

La zona es conocida como el “Área de investigación sustentable”. No hay estructuras de cemento y todo lo que se introduce en estos cinco acres debe ser reciclado o reciclable. Cinco acres de suelo fértil, donde el único mantenimiento que se le da a la tierra se produce dentro del mismo jardín, la composta proviene de los restos de cada usuario y los abonos los traen de la granja comunitaria de la universidad.

Miembros del Jardín Experimental Comunitario en Davis.
Fotografía: By Firstcultural (talk) (Uploads) – Own work, CC0, https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=34153736

“Se enseña cómo reducir la huella de carbono que deja nuestro mal hábito alimenticio en la tierra…”

En medio de este espíritu de comunidad y de preservación, nació hace más de dos décadas el Experimental Community Garden (Jardín Experimental Comunitario).

El objetivo principal de la iniciativa estudiantil era ocupar el espacio y sembrar de manera experimental comida orgánica y nutritiva para los estudiantes. Con el paso de los años, el jardín se abrió a la comunidad local. Profesores, empleados de la universidad, estudiantes de posgrado y varios habitantes de Davis se unieron a este sueño comunitario.

Fotografía: Mayton Xu

La única condición para inscribirse, era y sigue siendo hasta hoy, tener la disposición para formar lazos humanos duraderos, aprender juntos sobre la siembra y cosecha, entender sobre nuestros desechos y cómo crece nuestra comida. Pero sobre todo, lo que busca esta comunidad es desarrollar estrategias autosustentables para perpetuar la fertilidad de la tierra.

Fotografía: Elise Kane

En el jardín se realizan talleres y comidas comunales, existen varios espacios para el recreo y aprendizaje de la comunidad: dos áreas de composta, un cobertizo con herramientas, un santuario de abejas, un criadero de conejos y varios gallineros a lo largo de los cinco acres.

Fotografía: Mayton Xu

Se enseña cómo reducir la huella de carbono que deja nuestro mal hábito alimenticio en la tierra, y al mismo tiempo se aprende cómo producir y consumir responsablemente huevos, cereales, frutas y verduras.

Al tener una huerta, la calidad de vida se valora más, se pone atención en los detalles. Uno entiende lo preciado que es tener acceso a vegetales y frutas ricos en nutrientes, crecidos únicamente con agua, sin agroquímicos ni pesticidas. Su sabor es totalmente diferente, su apariencia es increíble. He aprendido como podemos modificar el paladar dependiendo del producto que consumimos más

Huerta en el Jardín Experimental Comunitario.
Fotografía: María Fernanda Díaz Basteris

Vivir en una comunidad como Davis, es básicamente un lujo en este mundo, saber que puedes usar tus manos para producir los alimentos que vas a llevar a tu mesa es un comportamiento humano casi utópico.

Artículo completo en nuestra edición 03 versión impresa.

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