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Barragán en la CDMX: El legado de un paisaje urbano moderno

HACIA LA CIUDAD MODERNA. A pesar de que las ciudades aparecieron hace miles de años, el fenómeno urbano a gran escala no toma realmente fuerza hasta la Revolución Industrial. Fue en ese período cuando las ciudades crecieron de manera paralela a una prodigiosa aceleración de las investigaciones, los desarrollos tecnológicos y la producción de mercancías (López de Lurcio, 1993, p. 37).

Ciudad Jardín de Howard / Fotografía: Ebenezer Howard (1850- 1928) – originally published in “Garden Cities of tomorrow”, Sonnenschein publishing, 1902; Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index. php?curid=6085014

Asimismo, según Peter Hall, entre 1870 y 1914 comenzó la impulsión del transporte público, que pasa de tracción animal, hacia la electricidad y finalmente hasta el motor de combustión. Estos nuevos medios de desplazamiento permiten un notable alejamiento entre los lugares de residencia y los centros de trabajo. No es casualidad que en ese momento surgen los primeros planteamientos teóricos sobre los asentamientos urbanos periféricos como la Ciudad Jardín de Ebenezer Howard (1898) y la Ciudad Lineal de Arturo Soria (1892).

Es así como en la primera mitad del siglo XX comienza a existir una separación más nítida entre las diversas funciones urbanas y de los distintos estratos socioeconómicos, hasta llegar al modelo de ciudad difusa contemporánea (López de Lurcio, 1993, p. 50). En ese período se generan diversas tentativas para teorizar y planificar la ciudad: en 1915 el biólogo escocés Patrick Geddes publica Ciudades en Evolución, así como los distintos Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (a partir de 1928) y su culminación en la Carta de Atenas (1933), pretenden organizar y dividir las actividades básicas de la Ciudad Funcional.

Brasilia / Fotografía: Marcelo Jorge Vieira from Brazil – Flickr, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2000254

En Latinoamérica se vive una verdadera modernización urbanística, producto de las reflexiones e intercambios entre los arquitectos locales y europeos. En México, durante el gobierno del presidente Miguel Alemán (1946-1952), se desarrolla el proyecto de la Ciudad Universitaria coordinado por Carlos Lazo, Mario Pani y Enrique del Moral, considerada la obra cumbre de un “modernismo azteca” (Almandoz, 2007, p. 71). En Brasil, el gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-1961) promovió la construcción de la icónica Brasilia, capital creada en un páramo desde cero por Lucio Costa y Oscar Niemeyer.

Ciudad Universitaria, México. Proyecto desarrollado (1946-1952), por Carlos Lazo, Mario Pani y Enrique del Moral, considerada la obra cumbre de un “modernismo azteca”. / Fotografía: Eneas de Troya and Olga Cadena, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4334073

EL LEGADO DE LOS JARDINES DEL PEDREGAL Y LA CIUDAD SATÉLITE.

En los años cincuenta del siglo pasado, la Ciudad de México se expandía de forma vertiginosa. Ante este reto, los arquitectos mexicanos se dieron a la tarea de planificar y generar los nuevos espacios que la sociedad necesitaba. En esa época, dos casos resultan paradigmáticos: el desarrollo de Jardines del Pedregal, al sur, y la Ciudad Satélite, hacia el noroeste. A pesar de contar con ubicaciones y programas diferentes, en ambas destaca la participación de diversos arquitectos reconocidos, dentro de los que se encuentra Luis Barragán, así como un fuerte sentido de modernidad, interpretado desde una sensibilidad mexicana.

Los Jardines del Pedregal de San Ángel fue una operación paisajística y urbanística residencial desarrollada por Luis Barragán a principios de la década de 1950’s. Ésta albergó la colaboración de numerosos arquitectos que pertenecieron a la corriente del movimiento moderno-funcionalista mexicano. El proyecto fue desarrollado en varias etapas constructivas entre 1947 y 1962, en un paisaje de exuberante piedra volcánica, que caracteriza a esta zona de la ciudad, producto de la solidificación de los flujos de lava que derramó la erupción del volcán Xitle aproximadamente en el año 280 de nuestra era (Siebe, 2000).

Casa Gómez, Calle del Risco 240, Jardines del Pedregal, México, DF, 1952. Arq. Francisco Artigas. / Fotografía: Roberto y Fernando Luna, Archivo Roberto y Fernando Luna. http://unavidamoderna.tumblr.com/post/45370314029/casa-gómez-calle-del- risco-240-jardines-del

Dicha erupción provocó en ese entonces la desaparición de las comunidades vegetales, los terrenos agrícolas y las poblaciones animales, modificando permanentemente los suelos y alterando el ambiente lacustre, al solidificarse la lava y conformar una capa de basalto de espesor variable.

Casa Casa Luis Bustamante, Jardines del Pedregal, México. / Fotografía: http://unavidamoderna.tumblr. com/image/41139897490

Aun cuando no ocurrió un aislamiento geográfico en sentido estricto, la desaparición total de la f lora y la fauna, junto con el establecimiento de condiciones muy diferentes a las del entorno, con rieron a la zona algunos de los rasgos característicos de una isla, en la que se originó un proceso de sucesión primaria.

El paisaje rocoso fue gradualmente modificado por los efectos del intemperismo, los derrumbes, la acumulación de sedimentos, la formación de suelos y su colonización por poblaciones de plantas y animales provenientes de los alrededores, resultando en una gran variedad de ambientes locales, con diversas condiciones de suelo, humedad, temperatura, exposición al viento y al sol. En ellos, se ha desarrollado un mosaico de hábitats y asociaciones de especies que pueden variar significativamente a lo largo de unos cuantos metros.
Casa Juan O’Gorman, Av. San Jerónimo, Jardines del Pedregal, México, DF, 1954. / Fotografía: Lola Alvarez Bravo
Casa Casa Luis Bustamante, Jardines del Pedregal, México. / Fotografía: http://unavidamoderna. tumblr.com/image/41139897490

Por ejemplo, varias especies de matorral xerófilo se establecieron de modo dominante, debido a la limitada capacidad de retención de humedad de los suelos someros y del sustrato rocoso, pero con la particularidad de que la mayoría de las especies son características de muy diversas condiciones de temperatura, humedad y altitud (Peralta Higuera y Prado Molina, 2009).
Comprendiendo estas características del sitio, Barragán y Max Cetto diseñaron el trazo de esta “ciudad-jardín” de carácter orgánico con la idea de seguir la topografía abrupta del terreno, estableciendo una tensión entre el sistema de plataformas y la morfología de la roca.

El llano de las plataformas, en donde se asentaba la casa, se extendía hacia el jardín en donde se fusionaba con las protuberancias de las formaciones de rocas volcánicas. El espacio exterior y la vegetación fueron primordiales para proporcionar identidad al conjunto, así como el agua fue interpretada como un elemento intermediario entre la arquitectura y el sitio. (Rueda Velázquez, p.6 y 16).

Por otra parte, la Ciudad Satélite fue un proyecto concebido por el arquitecto Mario Pani, quien lo vislumbraba como la primera red de ciudades similares alrededor de la capital. El diseño y el terreno derivaron de un encargo que recibió el Taller de Planificación y Urbanismo, para elaborar el Plan Regional Norte de la Ciudad de México, en donde se impulsaba el crecimiento industrial (Garza Usabiaga 2009). El trazo de la ciudad se realizó pensando en el automóvil, sin embargo para Pani era necesario crear espacios de reposo y recreación para que una persona pueda descansar, pensar y reflexionar como “la única forma civilizada y culta de entender y vivir la vida humana”.

Mario Pani invitó a Luis Barragán para proyectar una plaza monumental que sirviera de acceso a la nueva urbe. Barragán a su vez llamó a su colaborador el escultor polaco Mathias Goeritz, con quien ya había colaborado en múltiples ocasiones, con el cuál desarrolló la teoría de arquitectura emocional.

El espacio escultórico de las Torres de Satélite se construyó en 1957 para la Plaza Monumental Sur, la cual funcionaría como una plaza pública. Estas torres poseen una gran verticalidad, pero al tener una planta triangular, parecen de frente rematar en una punta. Al acercarnos a ellas o rodearlas en coche parecen cambiar su forma. Su monumentalidad y dinamismo tenía como objetivo de que el conductor redujera la velocidad al observarla, facilitando el acceso a la ciudad. Las torres de Satélite y los Jardines del Pedregal se han convertido a lo largo de los años en un símbolo indudable de la modernidad en la Ciudad de México en la década de los cincuentas. Sin embargo, en la actualidad el deterioro y las constantes transformaciones urbanas amenazan con destruir la integridad de este patrimonio del siglo XX.

 

 

 

 

REFERENCIAS
1. Almandoz, Arturo. (2007). “Modernización Urbanística En América Latina. Luminarias Extranjeras Y Cambios Disciplinares, 1900-1960.” Iberoamericana (2001-) 7, no. 27 (2007):
59-78. http://www.jstor.org/stable/41677891.
2. Garza Usabiaga, Daniel. (2012). “Las Torres de Satélite: ruina de un proyecto que nunca se concluyó”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 31(94): 127-15. DOI: http://dx.doi.org/10.22201/iie.18703062e.2009.94.2287
3. López de Lurcio, Ramón. (1993). “Ciudad y Urbanismo a nales del siglo XX”. Valencia, Universidad Politécnica de Valencia.
4. Peralta Higuera, Armando y Prado Molina, Armando. (2009). “Los límites y la cartografía”. Biodiversidad del ecosistema del Pedregal de San Ángel. Editado por Antonio Lot y Zanón Cano-Santana. Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad de México, México. http://www.repsa.unam.mx/documentos/Lot_y_Cano-Santana_2009_Biodiversidad.pdf
5. Siebe, C. (2000). “Age and archaeological implications of Xitle volcano, southwestern Basin of Mexico-City”. Journal of Volcanology and Geothermal Research 104(1-4): 45-64. 6.RuedaVelázquez,Claudia.“LosJardinesdelPedregal,unlegadodelamodernidadarquitectónica1947-1962”,comunicacióndelatesisdedoctoradoparaDOCOMLoOMnOdBrreasil./ London http://docomomo.org.br/wp-content/uploads/2016/01/122.pdf

 

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