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ARNOLDO MATUS KRAMER: DIRECTOR GENERAL DE LA AGENCIA DE RESILIENCIA DE LA CDMX

¿Cuáles son los retos sociales, ambientales y económicos que está enfrentando actualmente la CDMX en materia de resiliencia?

La CDMX tiene múltiples riesgos que impactan tanto en el ámbito social, ambiental y económico. En términos de desastres naturales tenemos todo tipo de riesgos.

Se hizo una priorización para identificar cuáles son los riesgos principales, dividiéndolos en impactos (por ejemplo: terremotos, inundaciones, conflictos sociales), y en tensiones crónicas, que son eventos que se dan a lo largo del tiempo de una forma lenta pero que ponen en riesgo la ciudad.
La Segunda Cumbre Mundial de Directores de Resiliencia contó con participantes de aproximadamente 50 ciudades del mundo, además del equipo de la iniciativa global, 100 Ciudades Resilientes.

Tenemos dos muy claros: uno es la sobre explotación del acuífero, del cual depende la mitad del agua que consumimos en la CDMX, la otra es nuestro sistema de movilidad que tiene fuertes afectaciones en el bienestar de todos los que vivimos en la zona metropolitana, como en la cohesión social, la salud y la competitividad económica de la ciudad. Entonces, en términos de los grandes retos tenemos dos grandes temas:

Uno es la gestión del recurso hídrico. Tenemos un sistema en un contexto de degradación, es decir, no recibe un mantenimiento adecuado por falta de inversión, por lo que la infraestructura es ineficiente. A esto se agregan los hundimientos diferenciales que se dan por la sobre explotación del acuífero, generando que tanto la infraestructura de drenaje como la red de agua potable sufran en términos de fragilidad y vulnerabilidad ante los hundimientos.

SEDEMA / Como parte de los esfuerzos por fomentar la capacidad adaptativa, se llevó a cabo un intercambio con Los Ángeles para aprender cómo se monitorea y comunica el riesgo sísmico en ambas ciudades.

Te voy a dar dos escenarios de riesgos: uno es que se están experimentando a nivel global importantes sequías con el cambio climático. ¿Qué pasaría con una sequía prolongada en el centro del país que limite las fuentes superficiales de agua que, además, han sido sobre-explotadas?

El otro escenario crítico fue la afectación que el terremoto tuvo en la infraestructura hidráulica, resultando en que más de 3 millones de personas dejaron de tener agua en la zona metropolitana. Esto fue motivo de conflicto social y vandalismo hacia las pipas de agua que iban repartiendo este vital líquido.
En el intercambio con Los Ángeles se exploró, mediante una visita a ECOBICI, cómo promover la utilización de la bicicleta sobre el automóvil particular.

El otro tema clave para la resiliencia es el de la movilidad. En promedio nuestros traslados duran de 2 horas y media a 3 horas por persona.

Esto limita el tiempo de convivencia con nuestras familias, nos afecta en términos de salud y de competitividad económica para la ciudad. Ha habido todo un movimiento de movilidad sostenible de muchas organizaciones como WRI e ITDP.

La ciudad ha podido modificar su normativa para priorizar la movilidad activa, por ejemplo en bicicleta, y estamos todavía inmersos en hacer una transición de ser una cultura que depende del automóvil a una que promueva el caminar y el transporte público eficiente. Legalmente ya se dio ese paso, pero en términos de infraestructura todavía hay mucho por hacer.

La Agencia de Resiliencia también trabaja para contar con un sistema integrado de movilidad que priorice al transporte público sobre el vehículo particular, y que sea seguro para peatones y ciclistas.

¿Qué iniciativas han surgido a través de la Agencia para enfrentar dichos retos?

Antes que nada, la Agencia de Resiliencia es un facilitador y la Estrategia de Resiliencia es un documento guía en el que participaron actores de todos los sectores, como el sector privado, organizaciones no gubernamentales, universidades y la comunidad científica, además de secretarías y organismos de gobierno.

Hemos identificado actividades donde se necesita un liderazgo adicional en el que la Agencia ha tomado un rol más importante.

En el tema de agua estamos desarrollando el Plan de Resiliencia Hídrica para la zona patrimonial de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta para detener la degradación de lo que queda de la zona lacustre de la CDMX tanto a nivel ambiental como cultural e histórico.

SEDEMA / Otro eje estratégico de la Agencia de Resiliencia es impulsar la resiliencia hídrica como nuevo paradigma en el manejo del agua en la Cuenca de México.

Estamos trayendo conocimiento de una organización holandesa que se llama Deltares, expertos en gestión del recurso hídrico a nivel urbano y de paisaje, junto con la UAM y académicos de la UNAM.

La idea de este plan es analizar tanto impactos de cambio climáticos, como impactos sísmicos y geológicos de la zona para el sistema de agua y hacer un portafolio de acciones para aumentar la resiliencia de la zona patrimonial. Esto incluye generar modelos de relación entre la zona lacustre con la cuenca del Valle de México, como profundizar en modelos a detalle de la zona patrimonial en términos de agua.

Esto se resume en el desarrollo de un portafolio que esté priorizado en términos de acciones que se puedan implementar en la zona patrimonial que puedan poner en marcha en la próxima administración, que se vería fortalecido si ésta toma el liderazgo para desarrollar un plan maestro para la zona.

Hay muchos actores como la Unesco que quisieran ver el desarrollo y la actualización de un plan maestro para estas zonas patrimoniales en donde la participación de la comunidad ayuda ha garantizar la apropiación social, promoviendo un sentido de pertenencia y de cohesión social con el proyecto, algo sumamente importante, ya que la resiliencia se construye a nivel de comunidad y con visión a largo plazo.

Uno de los ejes estratégicos sobre los que trabaja la Agencia de Resiliencia es el fomento a la coordinación regional, en un plano institucional, de comunicación estratégica y al impulsar proyectos en conjunto.

Artículo completo en nuestra edición 03 versión impresa.

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